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Por Rudolf Steiner
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“ La sangre es un fluido muy especial”
Todos conocerán, que
tal epígrafe está tomado del Fausto, de Goethe. En dicho poema
se dice que Fausto, el representante del más elevado esfuerzo humano, entra
en un pacto con los poderes malignos, representados por
Mefistófeles, el emisario del Infierno. Fausto está a punto de firmar un
contrato con Mefistófeles, quien le pide lo firme con su propia sangre.
Fausto, al principio, lo mira con curiosidad; pero sin embargo, Mefistófeles
emitió la siguiente sentencia que Goethe deseaba se considerara con toda
seriedad:
“La sangre es un fluido muy
especial”.
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La ficción del "Fausto" se apoyó en que aquello que
puede vivir en la sangre del hombre es lo que vive en su ego. Así como el
cuerpo etérico es la expresión de los fluidos vitales y sus sistemas, y el
cuerpo astral del sistema nervioso, así también la sangre es la expresión del yo o ego. El principio físico, el cuerpo
etérico y el astral son el “arriba”, el cuerpo físico, el sistema vital y el
sistema nervioso son el “abajo”. Esto tiene que recordarse al leer tal obra.
Por extensión, se pensaba que, la individualidad de un
pueblo puede ser destruida si, al colonizarlo, se exige de su sangre mas de lo
que puede dar de sí, porque en la sangre es donde se expresa el ego. Para construir esa fábula romántica, el narrador sostenía que el hombre
posee belleza y verdad solamente cuando su sangre la posee.
Entonces, Mefistófeles
obtiene posesión de la sangre de Fausto porque desea dominar el ego de éste. De ahí
que podamos decir que la sentencia que ha formado el tema de esta obra ha
sido sacada del conocimiento empírico de aquél momento, porque se partía de la sentencia: “La sangre es un fluido muy
especial”.
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